Durante el día había una intensa animación, un bullido desenfrenado, un estrépito infernal. Los tabernae se pueblan nada más abrirse y sacan sus puestos a la calle. Los barberos afeitan a sus clientes en mitad de la calzada. Los figoneros gritan a una clientela que les ignora. Los maestros de escuela y sus alumnos se desgañitan. Por todas partes suenan los martillos de los caldereros, las temblorosas voces de los mendigos relatando sus infortunios. Por indignas callejuelas todo el mundo va y viene, grita, se empuja...
Podríamos creer que al llegar la noche estas aglomeraciones cesaban para dar paso a un silencio miedoso y a una paz sepulcral; sin embargo, se sustituían por un trasiego distinto. Una vez refugiados los ciudadanos en sus casas, empezaban a desfilar siguiendo las instrucciones del César, las bestias de carga, los carreteros, y los convoyes de provisiones. El dictador había comprendido que la circulación diurna de estos vehículos por unos vici accidentados, estrechos y muy transitados constituía un peligro para los ciudadanos y un engorro para la ciudad. De aquí las medidas radicales que tomó y que conocemos como su ley póstuma.
Durante el día solo circulaban por la Roma antigua los peatones, los jinetes y los ciudadanos con literas, sin embargo, al llegar la noche comenzaba un incesante trasiego de carros que llenaba la ciudad con su estruendo. El incesante tránsito y el murmullo continuo condenan a los romanos a un insomnio sin remisión. Una insoportable prisa cotidiana, un ruidoso tropel ciudadano.
"La vida cotidiana en Roma" - Jérôme Carcopino.
Somos un grupo de tres alumnas de primero de bachillerato de humanidades. Este blog trata sobre la contaminación en general de la Roma Clásica, un tema que nos ha llamado la atención porque ya desde la época de los romanos la contaminación afectaba a muchos aspectos del medioambiente. Vamos a investigar sobre la conciencia que tenían los romanos sobre la contaminación.
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